sábado, 16 de octubre de 2010

A través del contrario.

Vuelves ahora a éstos atardeceres de nubes rojas,
acompañado por equipajes de cosas desgastadas,
aquí; recuerda no hubo lugar para el alivio ni el reposo,
porque permanecen los harapos y el rostro mugroso
de la concubina soledad y el tiempo, mezquino amante.

¡Sí!, vuelve a tu tierra olvidada, hazlo con el rostro adelante.
Habrá que recoger la esquiva y profana huella del tiempo perdido,
vuelves del horizonte voraz que te formó, pero te había consumido,
hay que releer del libro del pasado, en sus párrafos y en sus hojas
el trabajo inconcluso, y retornar al vuelo que un día se hizo de mariposas.

Vuelve y no condenes la vida a un silente egoísmo errante,
ni a la penumbra del vestigio, el pasado soberbio que dejaste,
ni al halo de la alegría, ni a la tristeza le condenes a la eternidad.
Ahora estamos aquí, pisando la alfombra negra y llena humedad
a ver si su fertilidad retorna a la verdad y tu alegría a su nido.

Deja de ver por fin a través del contrario, ¿no eres ahora el que había huido,
dejando los ojos llorosos de una madre con las manos frías y virtuosas
y a un padre enfadado, acongojado y triste con su pelo sin canas?,
vuelve ahora a las manos cálidas y sufridas de la madre entregada
regocija ahora el enfado del padre que es ahora de cabellera nevada.

Deja por fin de ver a través del contrario, porque lo que tanto reprochabas

se alumbra en tu mente ahora tal vez ya eres el contrario.


Paulo César Ruales Caicedo

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